El NOA tiene un proyecto sucro-alcoholero-energético que puede alcanzar dimensiones más que interesantes, y que puede convertirse, en la próxima década, en el motor de sus economías.

La mayoría de los expertos en temas energéticos y sucroalcoholeros estiman que en los próximos 10 años los precios del petróleo y del azúcar blanco del mercado internacional fluctuarán entre los U$S 85 y U$S 100 el barril, y entre los U$S 500 y U$S 600 la tonelada, respectivamente. Con el potencial productor de caña y de soja que tiene la región, el NOA goza de la oportunidad de repetir el crecimiento económico que tuvo en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX. Las proyecciones de precios antes mencionadas, y los aún competitivos costos de producción de los productores locales, nos dicen que ese futuro venturoso es posible de alcanzar. Salvo que las políticas macro a nivel nacional y provincial tengan resultados que frustren este contexto internacional muy favorable.

Los aumentos salariales que se están negociando, la recuperación de los precios del gas y gasoil; el aumento de los costos de los servicios que siguen directamente a los salariales; algunos incrementos en los costos impositivos, y el continuo atraso cambiario del dólar, irán disminuyendo una gran parte de las ventajas competitivas antes mencionadas. Por eso, el sector tiene que avanzar necesariamente en profundizar y aumentar las inversiones que le mejoren su ingresos y aumenten su productividad. ¿Cuales podrían ser esas inversiones? Algunas de ellas y con altas tasas de retornos marginales son:

1- En riego, especialmente en las zonas cañeras del este provincial.

2- Las inversiones en el área energética de los ingenios que reduzcan el consumo de combustible adicional, y la cogeneración de energía.

3- Automatización de procesos.

4- La mejora en la calidad y en la obtención de certificaciones de sus productos, que permiten el acceso a mercado mas exigentes.

5- Completar las inversiones ambientales pendientes que permitan usar en forma plena las capacidades de producción actuales y proyectadas.

6- Nuevos proyectos de bioetanol y proyectos en derivados del azúcar y el alcohol.

Estas inversiones requieren de un financiamiento a largo plazo y la vigencia de tasas internacionales (las tecnologías son conocidas y están disponibles). A priori, parecería muy difícil lograr este fondeo, pero en la región tenemos los ingredientes fundamentales, negocios con potenciales altas tasas de retornos y ahorros que no encuentran destinos adecuados. Por lo tanto, además del financiamiento que se puede lograr vía organismos internacionales, esta a nuestro alcance una importante cantidad de ahorros locales que están en los colchones y/o se invierten en un saturado mercado de la construcción y/ o buscan seguridad en el exterior o simplemente van a plazos fijos en pesos.

Es muy importante que las empresas que hoy están en el mercado eviten deteriorarse en el corto plazo. El sector sufrió en 2011 varios de los problemas que lo castigaban en el pasado. Si bien los precios externos son interesantes y rentables para los productores eficientes, no se logró retirar la totalidad de los excedentes de azúcar del mercado interno, exportándolos. Tampoco se pudo lograr un mayor ritmo de expansión en el programa bioetanol. Esto terminó afectando los precios internos del azúcar en el primar cuatrimestre de 2012.

Para optimizar los ingresos en esta coyuntura, el sector tiene que organizar mecanismos que le permitan administrar mejor los excedentes de azúcar, con programas que vayan más allá de las posibles consecuencias, aún no cuantificadas, de la sequía y de posibles heladas. Es conveniente avanzar rápidamente en una sintonía fina en el manejo de los destinos de la caña de azúcar de la zafra 2012, los excedentes actuales y la oferta interna de azúcar, de manera que se pueda lograr el precio interno que permite la política arancelaria y los costos logísticos de traer azúcar de Brasil. Estas dos variables y el precio internacional permiten que el precio interno esté en valores del orden de los U$S 750/850 por tonelada, neto de IVA a nivel mayorista, como lo estuvo en 2011.